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8 de marzo de 2011

Entrada Nº 505 "Volveremos..."

Y un día tenía que volver aquí, descargarme apretando las teclas de este teclado, volver al márgen de mi cuaderno virtual donde siempre habían anotaciones que daban pie a escritos...
Hoy vuelvo, no sé si para quedarme o para meter un par de textos, fotografías o pensamientos vagos, pero heme aquí, intentando despuntar este hermoso vicio, y dándole vida a mi querido bloguito.
Desde Enero a esta parte pasaron muchas cosas, en realidad desde Diciembre que casi no escribo.
No hubo un gran cambio, pero si varias pequeñas decisiones que de una u otra manera afectaron mi vida.

Algo decidí, y es no contarlas aquí, pero seguramente notaran cuando esté bien y cuando no.
Hoy vine a dejarles un cuentito, y a partir de mañana empiezo con unas fotos con frases agregadas, la mayoría de rock, pero otras con otros estilos...
El cuentito va aquí... lea quien guste.

¡Qué suerte!

Un hombre, morbosamente apasionado por el juego, había pasado una vez más, toda la noche en un casino. Salió del lugar totalmente rendido... estaba a punto de amanecer.
Cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir, sintió un escozor en sus ojos somnolientos.
Vio un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a casa. En un abrir y cerrar de ojos, el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche.
Había dormido exactamente 24 horas cuando se despertó. Era el alba, y el sol estaba empezando a subir al cielo.
- ¡Qué suerte! -exclamó contento- casi me duermo.



¿Qué quise plasmar con este cuento?
Que cada cual, cree siempre lo que más le conviene, cree lo que más quiere..
De nada sirve mentirse a uno mismo, cuando sepas que tu "verdad" no es LA verdad, mejor reconocerlo, es preferible que la bola no crezca hasta el punto en que no puede ser frenada, es preferible frenarla antes que comience a crecer.
La verdad es una sola, y ocultar es exactamente lo mismo que mentir.



¡A b r a z o
e n h a r i n a d o
B i e n
c a r n a v a l e r o !

14 de julio de 2008

Entrada N°37: "Alguna vez te lo conté..."

Una vez, te ví, desolada, mal, triste... me pediste un cuento, y te conté algo así. Con otros ribetes en la historia, pero fue sencillamente el mismo final.

Cuentan que una bella princesa estaba buscando esposo. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
- Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin mas ropas que las que llevo puestas... Ese es mi dote...
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
- Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás ".
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear. Con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: "¿Por qué perdiste esa oportunidad ?... ¿Por qué te retiraste?"
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
- No me ahorró ni un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora... Ella no merecía mi amor...

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¡Qué frase! "No me ahorró ni un día de sufrimiento... ella no merecía mi amor"

Cumpleaños de mi gente querida. Si falta el tuyo, avisame.