Cuando yo reía por ver gestos de alegría de amigas o amigos que volvían a encontrar la felicidad me alegraba, pero deseaba de corazón no tener nunca esos gestos alegres, porque reencontrar la felicidad significaba que en algún momento debería haberla perdido.
Siempre dije que perder la felicidad, era volver a ese oscuro pasado, ahí donde tantos malos recuerdos te pegan de noche, y te siguen de día.
El pasado es lo peor que tengo, pero a la vez, es lo mejor, porque en el pasado viven esos recuerdos que, al traerlos a la mente, te dan la mueca de esa maldita felicidad perdida, y añorar una vuelta...
Señor de la calesita quiero esa sortija, otra vuelta en esta vida.
Dale, tirame una soga, que mientras más me muevo, más me hundo.
Extraño a esa persona, necesito a esa persona y cada día que pasa, más me arrepiento de haber sido quien fui, y no haber podido ser quien ella necesitaba que fuese. Una verdadera persona a su lado, sólo a eso tenía que llegar y no pude.
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Tristeza. Hoy, penas.